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miércoles, 18 de junio de 2008

Rata instantánea

Ando a la caza de ratas (de cuatro patas). Quiero una foto a modo de trofeo, que avale mi astucia a la hora de encuadrarlas para la eternidad.

A veces topo con alguna, asomada desde la alcantarilla a medio destapar, o danzando en la banqueta, y que son del tipo que cuando notan tu presencia, se detienen, retiran del hocico la porquería en turno que trataban de engullir, y te lanzan una mirada inquietante. Pero no traigo cámara, y para ese entonces, el momento mágico se ha esfumado.

El otro día traía cámara, y encontré una, solo que estaba muerta y resultaba repugnante. O sea, de por sí los animalitos son poco agraciados y luego mosqueándose, pues nomás no invitan al retrato.

Así que ahora me daré a la tarea de conseguir la foto de la rata de ojos chispeantes. Ardillas negras y ratas bonitas de laboratorio no cuentan.

¿Ustedes creen que exista una rata mutante fotogénica? ¿La clave estará en los genes?

Ya saben, acepto sugerencias, técnicas, y experiencias con dichos roedores. Todo lo recibido será puesto al servicio de la ciencia.

miércoles, 16 de abril de 2008

No aceptes la infamia

Hoy no disfruté la pizza. Pienso que la señorita del mostrador le echó un escupitajo. Gargajo no, escupitajo. Pero no quise comprobar mis sospechas de estafilococos dorados, ni de estreptococos hemolíticos; ni siquiera del ébola.

Aunque estoy segura de que había rabia. No el virus, más bien el estado rabioso. Y no, no era un azar estadístico. Existía un afán perverso de dispersar los champiñones. Áreas completamente pobladas, marcaban una notable diferencia con el vacío de otras.

¿Y qué decir de las aceitunas? Su hallazgo era escaso, casi imperceptible. El regocijo visual del contraste verdoso con el tono marfil del queso, se mantuvo ausente.

Cada trozo, enturbiado por la ira, por el horno. O mejor dicho, por el horno de la ira.