Realizando la determinación del nitrógeno proteíco según el método de Kjeldahl a un plato desbordante de Corn Flakes del desayuno (versión azucarada), me cayó ácido en la mitad de la mano. Específicamente en la parte comprendida entre el pulgar y el dedo índice.
La superficie cutánea no tardó en resentir la acción oxidante de los sulfuros, produciendo una desnaturalización proteica. Muy interesante, pero recordemos que el objetivo era el cereal, no mi mano creadora.
Inmediatamente lavé la zona afectada, y retiré el tejido quemado, recurriendo al cultivo de tejido de células HeLa que tenía en refrigeración, y que pensaba utilizar en cultivos virales.

¿Se imaginan la magnitud del suceso?
Eran reservas para mi investigación, que una vez concluida, me haría acreedora al premio Nobel. O al menos recibiría más cartas electrónicas con invitaciones exclusivas de colegas científicos. Pero mi mano, la que escribe sandeces, para mis pacientes y amantes lectores: ¿cómo privarme de ella? ¿Cómo privar al mundo de su prodigiosa ociosidad?
Consciente de que el sacrificio era grande, pero estaba destinado para un bien supremo, procedí.
Regresé por ti, por mi, por ustedes, por el blog. Sí, por el blog. El Blog Cultivante: el hijo mío no reconocido y parapléjico. Ese que alcanzó en tres semanas el 25.55555%* de respuestas en su gira por la blogósfera.
No importa tu condición, quiero hacerte saber que continuaremos con la implantación de celulas madre (adultas). Pronto serás capaz de correr y brincar. Mientras tanto, pienso aligerar tu triste estado de postración temporal con un pequeño arreglo estético.
*Verificando la viabilidad de realizar un estudio estadístico serio. Con rayitas, garabatitos y PowerPoint.